23 de julio de 2012.

En ese día comenzó, de forma discreta pero decisiva, la empresa conjunta entre SK Innovation y Continental AG.

Hoy, casi nadie la recuerda.
Sin embargo, fue el primer “matrimonio” en la historia del negocio de baterías de SK.

Como la mayoría de las alianzas estratégicas, se basaba en un intercambio claro de fortalezas.

SK Innovation aportaría las celdas de batería. Continental proporcionaría el sistema de gestión de baterías (BMS). Sus tecnologías debían integrarse en un sistema de paquete de baterías unificado, desarrollado y producido bajo una misma entidad corporativa. Por primera vez, los dos pilares fundamentales de una batería —las celdas y el BMS— se unían bajo un mismo techo.

El plan era ambicioso.

Durante los siguientes cinco años, las compañías planeaban invertir 270 millones de euros, equivalentes a unos 400 mil millones de won en aquel entonces. La sede de la empresa conjunta estaría en Berlín, Alemania. No era un acuerdo simbólico, sino un puesto de avanzada estratégico dirigido directamente al mercado europeo de vehículos eléctricos.

SK aportaba su tecnología en baterías. Continental, su red automotriz global.
En teoría, era la combinación perfecta: cada uno cubría las carencias del otro.

Pero los matrimonios ideales no siempre perduran.

28 de noviembre de 2014.
La empresa conjunta fue oficialmente terminada.

Irónicamente, el problema no fue tecnológico, sino el mercado.

El interés por los vehículos ecológicos iba en aumento. Sin embargo, en Europa la elección del momento no eran los vehículos eléctricos, sino el diésel limpio. Los EV eran considerados prematuros. El mercado simplemente no estaba listo. Además, la abrupta caída de los precios del petróleo redujo aún más la justificación económica para la electrificación.

La alianza había nacido con fe en el futuro de los vehículos eléctricos.
La realidad resultó ser un muro más alto de lo esperado.

Y poco después ocurrió un evento que cambiaría por completo el rumbo de la historia:

¡Dieselgate!

Si aquel escándalo hubiera estallado un poco antes, quizá el desenlace habría sido distinto.

Pero en aquel momento, nadie lo sabía.

Así, el primer matrimonio de SK Battery quedó atrás—
recordado como una decisión que simplemente se adelantó demasiado a su tiempo.

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